
NOTICIAS DESGARRADORAS: En el último homenaje al ícono de la WWE Hulk Hogan, el fiel chihuahua Duke esperó en silencio junto al ataúd — Los generales lloraron
En una escena que hizo llorar incluso a los más fuertes, la leyenda de la WWE Hulk Hogan fue sepultado en una emotiva ceremonia llena de coronas blancas, velas y un silencio cargado de dolor. Pero entre los dolientes —celebridades, atletas, veteranos y fanáticos de toda la vida—, una figura sobresalió: un pequeño chihuahua llamado Duke.
Duke, el querido compañero de Hogan durante 11 años, fue llevado con cuidado por la familia hasta los pies del ataúd. El pequeño perro no ladró ni se movió; simplemente permaneció quieto, con la mirada fija en la caja de madera, como esperando que su mejor amigo dijera: “Ven aquí, muchacho”, una vez más.
La sala quedó en silencio.

Incluso generales condecorados, hombres curtidos por años de servicio y sacrificio, fueron vistos enjugándose las lágrimas.
La imagen de Duke —tan pequeño, tan quieto, tan visiblemente desconsolado— hablaba con más fuerza que las palabras. Los allegados a la familia dicen que el perro no había comido desde la muerte de Hogan, y que a menudo vagaba por los pasillos de la casa, con las orejas alertas a cada sonido y la cola meneándose levemente ante ecos que nunca conducían a su amo.
La luz de las velas se reflejaba en los retratos de Hogan en la flor de la vida: en el ring, con los fans, con Duke subido a su hombro entre bastidores. Su vínculo era inquebrantable.
“No era solo un perro”, dijo un amigo de la familia. “Era la sombra de Hulk, su cordura, su alegría. Eran familia”.
Al concluir la ceremonia y susurrarse las oraciones finales, Duke fue sacado de vuelta, con la cabeza apoyada en la bandera estadounidense doblada que cubría el ataúd de Hogan. No gimió. No se movió.
Simplemente escuchó. Como si esperara, de alguna manera, que esa voz lo llamara de nuevo.
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