Bobby Humphreys una vez se rió de los perros pequeños. Un fisicoculturista fuerte y musculoso de Maryland, sentía una pasión feroz por las razas grandes y poderosas como los rottweilers, perros que encajaban con su imponente imagen. Para él, los chihuahuas eran una broma, algo para burlarse, no para tomar en serio.
Entonces todo se vino abajo.

Su esposa lo abandonó. Una grave lesión en el hombro puso fin a su rutina de entrenamiento. La depresión lo azotó con fuerza. En un momento dado, Bobby pensó que no podría seguir adelante.
Y fue entonces cuando apareció Lady, una pequeña chihuahua a la que aceptó a regañadientes cuidar de un amigo. Nunca esperó que le agradara. Pero en cuestión de horas, se hicieron inseparables.
“No solo me hizo cambiar de opinión”, recuerda Bobby. “Me salvó la vida”.
Lady se convirtió en su compañera en los días más oscuros. Cuando finalmente regresó a su hogar original, Bobby quedó devastado. Pero algo había despertado en él: un nuevo propósito. Se dio cuenta de que no solo quería otro chihuahua… quería rescatarlos.
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Así nació el Santuario “Big Guy, Littles World”.
Bobby comenzó rescatando chihuahuas maltratados, abandonados o que iban a ser sacrificados. El mismo hombre que una vez se burló de los perritos ahora dirigía un santuario lleno de calidez, segundas oportunidades y muchos chihuahuas.

“Con cada perrito que rescato, siento que estoy salvando una parte de mí”, dice Bobby.
Hoy, Bobby es el guardián de docenas de pequeños cachorros, cada uno con un pasado doloroso, y cada uno viviendo una vida llena de seguridad, consuelo y amor. Los alimenta, los cuida y, lo más importante, los ve como lo que son: seres dignos de vida y amor.
De un corazón roto a una casa de sanación
La historia de Bobby Humphreys no se trata solo de perros. Se trata de compasión. Redención. El poder de las segundas oportunidades y cómo el corazón más pequeño puede rescatar incluso al hombre más fuerte.